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<b>Arte para entender tiempos de crisis, por Cristina Guedán Pecker: tertulias y ficciones en torno a Gómez de la Serna</b>

Arte para entender tiempos de crisis, por Cristina Guedán Pecker: tertulias y ficciones en torno a Gómez de la Serna

Nuestra colaboradora se traslada al cuadro La tertulia del Café del Pombo de Gutiérrez Solana en compañía de Gómez de la Serna para hablarnos del poder evocador del arte.
“Las ventanas son los ojos de las casas”… y de las personas que están dentro. Así se podrían completar las palabras del escritor, periodista y catalizador de las corrientes vanguardistas en España, Ramón Gómez de la Serna. Él inventó la greguería precisamente en el balcón de su casa, un día de tormenta, tal como cuenta en su autobiografía Automoribundia (1948). Cristina Guedán Pecker, historiadora del arte, colaboradora del Museo y directora de nuestros cursos monográficos Lecciones de arte moderno, nos recuerda el valor de la compañía y la conversación, dos conceptos actualmente alterados debido al confinamiento, a través de Gómez de la Serna, Gutiérrez Solana y otros intelectuales de la época. Ella escribe una nueva entrega de esta serie en la que colaboradores de la Fundación de Amigos del Reina Sofía nos ayudan a entender, a partir de obras de arte del Museo, la situación en la que nos encontramos.


“El hombre es un ser social por naturaleza”, frase del filósofo Aristóteles con la que ponía en evidencia el hecho de que necesitamos la convivencia con los otros. Por eso, el distanciamiento social al que nos obliga la crisis sanitaria actual hace que resulte tan difícil el día a día en confinamiento y asumir la pérdida de esa sociabilización que todos, en mayor o menor medida, precisamos.

Con este pensamiento, he emprendido un paseo virtual por las salas de nuestro querido Museo, hoy cerrado, pero que tantas veces he recorrido sola, o en compañía de otros amantes del arte, para disfrutar de lo expuesto en sus salas. Mi idea es intentar romper, por supuesto mentalmente, el confinamiento y aislamiento actual, y eso me ha hecho detenerme en la Sala 201 y pararme delante de una de las obras icónicas de la colección permanente La tertulia del Café del Pombo pintada en 1920 por José Gutiérrez Solana. El artista realizó esta obra para dejar constancia de las reuniones de relevantes intelectuales de la época en torno a la carismática figura de Ramón Gómez de la Serna, auténtico alma de esa tertulia que funda en 1914, reuniones que tenían lugar todos los sábados por la noche, y hasta altas de la madrugada, en el madrileño Café del Pombo situado en el número 4 de la calle Carretas.

El espacio donde se expone la obra es estrecho, como también lo era el pequeño reservado situado en el piso inferior de ese trasnochado café donde se reunían, y que por ese motivo era conocido como “La sagrada cripta del Pombo”. Siempre me ha llamado la atención esta oscura pintura poblada de figuras hieráticas, seres inanimados que se presentan en pose casi fotográfica, entre los que no hay comunicación, cuando lo que se representa es un lugar de charla compartida. Es evidente que se trata más de un retrato grupal que de una obra que intente trasladarnos la esencia tertuliar, tan de moda en nuestro país en las primeras décadas del siglo XX: los cafés se convirtieron en auténticos centros de debate en donde se trataban temas relacionados con la vida social, política y cultural de la capital. 

Ramón Gómez de la Serna interpretaba que su tertulia, a pesar de esa visión que nos puede dejar como espectadores, en la que parece que no vemos la conversación entre los tertulianos, quedaba bien representada en esta pintura, lo que le llevó a utilizar esta obra como ilustración para sus conferencias sobre cafés literarios, y con este sentido la trasladará enrollada en 1933 a Buenos Aires.

 

La tertulia del Café del Pombo, Solana (1920)

Solana describió en La España negra su obra:
 
“Es un cuadro a medio conseguir, y ahora verdaderamente siento el no haberle podido dar una forma más acertada y más decisiva. En el centro está nuestro amigo Ramón Gómez de la Serna, el más raro y original escritor de esta nueva generación. Está, pues, en pie y en actitud un poco oratoria: recio, efusivo y jovial, un tanto voluminoso, pero menos de lo que deseamos verle, para completar su gran semejanza con un Stendhal español o un nuevo Balzac de una época más moderna y menos retórica; cerca de él su cartera, esa buena amiga que siempre le acompaña, llena de pruebas de imprenta y dibujos, que hace rápidamente para ilustrar sus escritos, son comentarios gráficos admirables y que dan un encanto más a los artículos que publica casi diariamente en La Tribuna y El Liberal. A su lado Bacarisse, Coll, Bartolozzi, Cabrero, Borrás, Bergamín, Abril y encima el prodigioso espejo del Pombo, este espejo cinematográfico, cuya luna patinada cambia constantemente de expresión…”
 
No puedo evitar que la presencia de todos esos personajes, agrupados alrededor de la mesa de un típico café romántico iluminado por lámparas de gas, me haga sentir cierta nostalgia y me lleve a imaginarme siendo ese visitante del Pombo que toma por asalto la silla vacía que en primer término aparece, solo ocupada por la ropa de algún tertuliano, y me imagino a Ramón Gomez de la Serna sacándome una sonrisa con alguna de sus ingeniosas greguerías, juegos de palabras absurdas, o a Salvador Bartolozzi explicándome como se plantea la ilustración del próximo número del seminario infantil Pinocho.

Sé que esto es pura ficción, seguramente producida por mi pasión por el arte y por el hecho de saber cómo usarlo como terapia que me ayude a apreciar todavía más algo que ahora mismo he perdido, que echo terriblemente de menos, pero que tengo claro que volveré a recuperar. Sin embargo,  es un ejercicio muy sano que invitó a todo el mundo a hacer: el Reina Sofía nos oferta, en estos momentos a través de su web, un montón de obras con las que poder fantasear y ficcionar. Desde la Fundación de Amigos, os invito a hacerlo y a comprobar cómo el arte nos ayuda en los momentos más difíciles.

Crsitina Guedán Pecker
Abril, 2020.