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<b>Arte para entender tiempos de crisis, por Diana Lobato: la polisemia de las obras artísticas y su condición como fuente de reflexión</b>

Arte para entender tiempos de crisis, por Diana Lobato: la polisemia de las obras artísticas y su condición como fuente de reflexión

La responsable de nuestros Encuentros con Artistas acude a obras de Darío Villalba, Luis Feito y Rafael Lozano-Hemmer para encontrar una respuesta a estos momentos.
Somos muchos los que nos planteamos hacia qué lado girará el mundo tras esta situación de cambio irremediable que estamos viviendo desde hace unas semanas. El silencio impuesto entre tanto caos genera dudas sobre lo que vendrá después. Ahora mismo no podemos saberlo pero lo que es seguro es que el arte seguirá siendo uno de los caballos que tire del carruaje hacia una renovación de la sociedad. Así plantea esta nueva entrega de Arte para entender tiempos de crisis Diana Lobato, historiadora del Arte, restauradora de bienes culturales especializada en pintura y nuestra colaboradora desde el año 2006.
 
La parálisis repentina a la que se ha visto sometido el mundo ha hecho estallar la globalidad actual de un modo que difícilmente nos podríamos haber imaginado apenas un par de meses atrás. Un potente enemigo invisible hace diluir las fronteras que paradójicamente se cierran más que nunca. Se cierran como las puertas de nuestras casas, convirtiéndonos en una suerte de encapsulados de Darío Villalba, donde los más afortunados observamos desde la distancia la lucha por respiradores, que recuerdan poderosamente a los artilugios que obsesionadamente guardan los alientos que inmortaliza Lozano-Hemmer en sus instalaciones. En un ambiente cada vez más polarizado, más abstracto, donde el sentido de las cosas se diluye en el espacio, como si transitásemos por la lucha del blanco y el negro de las pinturas de Luis Feito.
 
Estos tres artistas tan dispares entre sí, de momentos históricos y contextos diferentes, nos servirán de trampolín en las siguientes líneas para saltar al vacío y bucear por el arte, buscando nuevos significados, nuevas preguntas lanzadas al aire de respuestas inciertas que sirvan de meditación lírica en estos tiempos de crisis todavía de consecuencias desconocidas.
 
El arte es reflejo del pulso del tiempo, como el sensor de un sismógrafo que registra las ondas que producen los movimientos telúricos. En cuyo sismograma resultante los picos coinciden con los temblores que producen las crisis. Así, cabe plantearse: ¿qué papel puede jugar el arte contemporáneo en un momento de crisis generalizada como este? Si consideramos el arte contemporáneo al posterior a la Segunda Guerra Mundial, nace de las cenizas de una guerra que provocó una enorme deriva sin retorno, toda una quiebra traumática de la conciencia europea.  Desde los años 50 hasta hoy las producciones artísticas son reflejo de un mundo complejo. Nuevas disciplinas de difícil etiquetaje fueron tejiéndose década tras década hasta el momento actual, corrientes cambiantes, fugaces y revulsivas, tratando de dar respuesta a un mundo agitado y global, del que formamos parte la propia audiencia. Pues, ahora más que nunca el arte contemporáneo genera opinión, curiosidad y, cuanto menos, expectación.
 
Así, desde el pensamiento crítico como reflexión, el arte ofrece un análisis del pulso de la vida, pasada y presente; un presente en estos momentos, tristemente amenazado por el miedo, el dolor y la incertidumbre. Las obras se vuelven polisémicas, permiten múltiples lecturas dependiendo de la localización en el espacio-tiempo del ojo que analiza. Los significados de ayer y hoy discurren en paralelo creado una polifonía de múltiples voces de ritmo diverso. Las melodías del tiempo en que se gestaron y su renovada vigencia bajo una nueva óptica, conviven en múltiples obras, ahora durmientes, dentro de los muros del Museo Reina Sofía. Entre ellas, La oración de Darío Villaba.
 
Darío Villalba (San Sebastián, 1939-2018) se sitúa en el cruce entre la herencia del informalismo español y el Pop Art, formó parte de la generación dislocada que surge a finales de los años 60 y los 70. En sus palabras: “el elemento emocional de El Paso se mantuvo con interferencias del mass media”. Cuenta con una rica y diversa producción, aunque fueron precisamente Los encapsulados –en un diálogo sublime entre fotografía y pintura– los que le valieron un gran reconocimiento internacional. A una de estas series pertenece La oración, con alusiones espirituales directas, donde investiga con la fotografía para crear esta especie de iconos religiosos. Recurre a soportes como el aluminio, el plexiglass y la fotografía que abundan en el Arte Pop pero bajo una intención poética y emocional en la antítesis de trivialidad que define el estilo americano. Busca reflejar sobre todo las “vicisitudes anímicas del ser humano”, analizando temas existenciales y sociopolíticos, con referencias explícitas al dolor y a la muerte. Quizá precisamente por ello, estas figuras de miradas perdidas y aisladas en burbujas asfixiantes adquieren una asombrosa vigencia casi 50 años después en el contexto actual.
 

La Oración, Darío Villalba, 1974.
 
Un contexto que nos atrapa en un hoy indefinible, de teorías líquidas, horizontes abstractos y polos enfrentados como las potentes manchas blancas y negras que se encuentran en los lienzos de Feito, en una poderosa tensión inmóvil dibujando un paisaje de fuerzas opuestas y complementarias simultáneamente. Como en N.º 179, de 1960. El artista prescinde hasta del título, y opta por una numeración aséptica, una sucesión seriada que alude a una cadena de creaciones. Sus composiciones buscan un inestable equilibrio, evitando formas racionales acudiendo a un trazo libre, gestual e inmediato, lleno de luz y oscuridad. Luis Feito (Madrid, 1929), participó como miembro fundador del grupo El Paso, definido por sus contundentes aspiraciones de renovación del panorama artístico español, desde la abstracción, el arte matérico y el automatismo. Los distintos artistas compartían el uso del negro. Un negro cargado de connotaciones ideológicas y referencias a la tradición española. Pero sobretodo, de esa emoción de la que hablaba Darío Villaba. Precisamente, las creaciones llenas de misterio de Feito huyen de toda interpretación, no son sino un acto creativo, trascendiendo lo aparente y explorando tensiones silentes no resueltas que remiten al caos y al orden.
 

N.º 179, Luis Feito, 1960.
 

Silencios que no están presentes en Respiración circular viciosa, de 2013, instalación interactiva de Rafael Lozano-Hemmer (Ciudad de México, 1967). En sus obras el artista abandona la lírica de los pinceles y la pintura por los cables, dispositivos de última tecnología y ecuaciones matemáticas que dan alma a sus creaciones, desplazando al espectador a una nueva dimensión estética y reflexiva.
 


Respiración circular viciosa, Rafael Lozano-Hemmer, 2013.

 

En Respiración circular viciosa el silencio se rompe con sonidos mecánicos, el leve zumbido del flujo del aire y el crujido del papel de las bolsas al arrugarse crean un gran instrumento musical de aire formado por más de sesenta de bolsas que cuelgan de tubos de respiración, como si de un gran aparato respiratorio se tratase, cuyo aire se mantiene circulando gracias a la acción de fuelles, que inflan y desinflan las bolsas siguiendo la frecuencia respiratoria normal de un adulto. Por cuyos circuitos discurre el aire de las exhalaciones de visitantes tras insertarse en un espacio cúbico de vidrio, herméticamente sellado, donde inhalan el aire que previamente respiraron los participantes anteriores. Forman parte inherente a la instalación las advertencias que informan al participante sobre los riesgos de asfixia, contagio y pánico. Tres terribles palabras cuya rabiosa actualidad golpea a toda la sociedad, sometida a un letargo impuesto cuyo objetivo es esperar, sosteniendo el aire hasta que se limpien los circuitos respiratorios a nivel global.

En definitiva, nuestra sociedad doliente tras este proceso traumático se verá irremediablemente sometida a un cambio que exige –más que nunca– un pensamiento crítico. El arte como estrategia sublime de comunicación vierte un mensaje de significado variable que funciona como un ejercicio de reflexión, como un punto de apoyo arquimediano para mover el mundo. Un mundo que se encuentra más parado que nunca, mientras anhela un renovado futuro que se precipitará con más ansias tras haber estado a la espera.
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